Esta vez nos adentramos en tierras alemanas, más concretamente en Berlín. Una de las ciudades más emblemáticas de todo el mundo por su pasado histórico, en el que no nos adentraremos porque nos daría para dos o tres artículos. En este caso os explicaremos nuestra experiencia turística, culinaria y como se puede disfrutar de una cultura la cual pensábamos que sería más difícil adaptarse.

Nos encontramos con la ciudad más poblada de Europa central, con 3,5 millones, en ella podemos encontrar todo tipo de arte: museos, galerías, conciertos, teatros, etc. Obviamente nos podemos dejar de lado uno de los lugares más famosos, como es “El muro de Berlín”, por el gran impacto que tuvo en la población la cual estaba dividida por dos ideologías. Una de las cosas que más nos impresiono fue el recuerdo histórico de la segunda guerra mundial con diferentes lugares emblemáticos, incluso con iglesias que aún seguían medio derruidas desde la fecha. Berlín es una de las ciudades que más tranquilas nos han parecido, el ambiente que se respira es agradable y de hospitalidad, eso viene favorecido por el respeto a los turistas y las facilidades que se les da. Nos sorprendió gratamente el precio de la comida y productos de primera necesidad, dado que nos encontramos en uno de los países con mayor poder adquisitivo y por lo tanto nuestras expectativas eran muy diferentes a lo que nos encontramos. A parte de todo lo que nos podemos encontrar referente a cultura, lugares emblemáticos, de ocio, etc; la gastronomía de Berlín es una de las mejores que hemos probado, tanto por la gran variedad de culturas gastronómicas que nos podemos encontrar en la ciudad como de la calidad de los productos que nos servían. Nos podíamos encontrar la típica taberna alemana en la que pedias tu jarra de cerveza acompañada de las típicas Würst (salchichas) y unas patatas asadas con Xucrut, y sin tener que moverte mucho podías encontrarte la pizzería más italiana de todo Berlín, a parte de la gran cantidad de restaurantes turcos debido a la gran afluencia turca que hay en Alemania.

A parte de disfrutar durante varios días de Berlín, uno de estos días hicimos una excursión al campo de concentración de Sachsenhausen ubicado a las afueras de la ciudad, más concretamente en Oranienburg. Fue una de las experiencias más impactantes en las que hemos podido estar, se respiraba un ambiente frio y de respeto absoluto por todas las personas que sufrieron el genocidio de los nazis, a parte de la sensación de pequeñez y de inferioridad a causa de la gran extensión del campo, los muros que lo rodeaban y del monumento gigantesco que se encuentra en el centro.

En general fue un viaje enriquecedor en todos los sentidos, primero por conocer la cultura bávara y quitarnos los prejuicios que podíamos tener, después por la gran cantidad de lugares que pudimos ver y disfrutar incluyendo obviamente la gastronómia. Por último, pudimos ser conscientes de lo que pudieron llegara a sufrir los prisioneros de los campos de concentración y las barbaridades que pudieron llegar a hacer los nazis.

Muy interesante. Te hace conocer ciudades aunque no hayas estado. Genial
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